¿Está la inteligencia artificial robando espacio al talento humano?

Cada vez más, las empresas se apoyan en la inteligencia artificial (IA) para tomar decisiones, crear contenidos e incluso detectar habilidades personales. Pero… ¿nos estamos dejando arrastrar sin freno ni criterio?

En un momento en que la creatividad, la empatía o el pensamiento crítico deberían ser más importantes que nunca, corremos el riesgo de entregarlos a cambio de agilidad y automatización. ¿Vale la pena?

Es hora de parar, reflexionar y decidir:

¿Qué papel queremos que juegue la IA en nuestra forma de trabajar y liderar personas?


¿Estamos dispuestos a ceder lo más valioso de nuestro talento por unos cuantos segundos de ahorro?

Hoy en día, los headhunters buscamos incesantemente entre nuestro talento determinadas habilidades personales, como la creatividad.

¿Y si el avance acelerado de la inteligencia artificial, en su versión más generativa, es capaz de suplir esta aptitud?

Necesitamos, una vez más, detener la velocidad con la que todo está cambiando, sin tiempo para pensar, para saber qué queremos y hacia dónde nos dirigimos.

Generación de contenido sí, pero ¿a cualquier precio?

Rapidez y optimización versus personalidad, creatividad e independencia. En este momento, el uso indiscriminado de la IA, sin la formación ni la contrastación adecuada, puede abocarnos a generar material enlatado, vacío y sujeto a algoritmos y prompts que también se generalizan y viralizan.

Ahora bien, es cierto que, dado el incipiente pero rotundo surgimiento del machine learning, es muy posible que las capacidades propias de las personas, como la creatividad, las habilidades emocionales y comunicativas, se vean cuestionadas y superadas en poco tiempo por el autoaprendizaje de la inteligencia artificial.

La pregunta que podemos hacernos es:

¿Queremos esto?

La respuesta nos puede llevar a futuros muy distintos:

  • Querer automatizarnos de esta manera, nos lleva al riesgo de que nuestro talento se «optimice» de tal forma que perdamos recursos personales que siguen siendo muy valiosos en otros contextos, más allá de la generación de contenidos, e ir perdiendo, por desuso, capacidades que nos hacen humanos.
  • En cambio, negarnos a las bondades de la IA, tales como la automatización de procesos y tareas administrativas, y darle la espalda, nos puede abocar a casi seguro, a quedar fuera de juego.
  • ¿En el punto medio está la virtud, aristotélicamente hablando? Quizás sea lo más prudente. El pensamiento crítico, no aceptar todo como una verdad absoluta, cuestionando la información que recibimos y habilidades interpersonales y sociales necesitan seguir en primera línea para conservar la identidad y carácter en nuestro modo de trabajar, sin negarnos, por ello, a disfrutar de las ventajas de herramientas que se imponen cada día con más fuerza.

Es muy posible que el éxito recaiga en las organizaciones que sean capaces de humanizar la tecnología y lograr el equilibrio entre la empatía y la automatización.

¿Qué podemos hacer hoy?

Reflexionar y tomar decisiones.

Compartimos algunas ideas:

  • Verificación de los contenidos generados por la IA porque no todo vale. Se trata de una tecnología relativamente nueva, que rueda a una velocidad sorprendente y somos usuarios que probablemente no sepamos caminar al mismo ritmo. Por ello, mantener el espíritu crítico, cuestionando la información que recibimos, es fundamental para dar contexto y sentido a todo lo que, muchas veces, damos por bueno.
  • Utilizar la IA para automatizar tareas repetitivas, liberar tiempo para invertirlo en valor y facilitar decisiones basadas en datos que esta herramienta trate, puede ser un paso pequeño pero seguro para ir cogiendo confianza de lo que aún es novedoso y requiere reflexión, más allá de la demanda de agilidad y urgencia en la implantación de soluciones basadas en esta tecnología.
  • El análisis de contenidos necesita supervisión constante y no caer en la rutina de establecer instrucciones ya conocidas de forma global para solicitar que la tecnología haga, lo que hace muy poco tiempo, hacíamos de manera natural y con una forma única de hacer las cosas. Nuestras habilidades necesitan entrenamiento para mantenerse y alimentarse.
  • Tener en cuenta que la regulación jurídica de esta tecnología y sus implicaciones va muy por detrás y no podemos dejar de considerar los avances que van surgiendo en esta área, especialmente en materia de privacidad y seguridad.
  • Invertir en IA a la par que en enfoques humanos y cuestionarnos habitualmente el camino que queremos seguir, lejos de inercias.
  • Formación en primera línea en no pocos aspectos: ética, uso responsable, ciberseguridad, entre ellos. No olvidemos que compartimos numerosos datos internos a través de herramientas comunes y no podemos perder de vista los riesgos de privacidad, seguridad y protección de datos.

Aprovechar las ventajas como una gran fortaleza en nuestro haber y conocer y aprender a manejar las desventajas como la amenaza que puede ser, es clave para una adaptación reflexiva a este modelo de trabajo que no deja de ser novedoso cada segundo de nuestro día.

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